¿Son los Testigos de Jehová una religión legítima o una secta Anticristiana?

Por Editor • 25 Ene 2026, 10:29
¿Son los Testigos de Jehová una religión legítima o una secta Anticristiana?

Columna de Opinión por: Víctor Salazar

Un testigo no es quien repite una doctrina. Un testigo es quien estuvo ahí. Quien vio, oyó, tocó, presenció un hecho real. En cualquier ámbito serio —jurídico, histórico o humano— un testigo da fe de algo ocurrido, no de una teoría heredada.

Por eso la Secta “Testigos de Jehová” es, desde su origen, una contradicción. Nadie fue testigo de Jehová en el sentido pleno de la palabra. Jehová nunca se encarnó, nunca caminó entre los hombres, nunca sanó enfermos, nunca levantó muertos, nunca murió ni resucitó. No dejó testigos, dejó textos. No dejó discípulos, dejó una idea plasmada por Moises que hoy en Día esta en duda de quien escribio el Penthateuco.

El cristianismo, en cambio, no nace de una idea sino de un hecho histórico brutal: Jesucristo. Un hombre real, visible, incómodo, que habló con autoridad, obró milagros, desafió al poder religioso Judaico de su época, fue ejecutado públicamente y al tercer Día resucitó. De eso dieron testimonio los apóstoles. No defendían un nombre antiguo ni una ley arcaica: defendían a una persona viva. Y muchos historiadores Romanos y Judios dan testimonio de ello.

Aquí está el quiebre absoluto. Los Testigos de Jehová creen tener la verdad, pero vacían a Cristo de lo esencial. Lo reducen a una criatura, a un intermediario, a un actor secundario frente a su Dios (Jehova o Yaveth) abstracto y lejano, por eso es judaísmo reciclado, legalismo maquillado, religión sin encarnación.

Y lo más grave: Jesús jamás validó sin más al dios que defendían los líderes religiosos de su tiempo. Al contrario, los confrontó con palabras demoledoras. Les dijo que no conocían al verdadero Padre. Les dijo que su dios no era el suyo. Les dijo, sin rodeos, que tenían al diablo por padre porque sus obras no eran de Dios, sino de dominio, mentira y muerte. Y eso es lo que defienden los "Testigos de Jehova". Un insulto y desprecio por el Cristianismo.

Esto rompe un mito incómodo: no basta invocar a “Dios” para estar del lado de la verdad. Jesús separa radicalmente al Padre que Él revela del dios utilizado por los hombres para justificar la ley, el control y la condena. Y precisamente ese dios legalista, frío y castigador es el que hoy defienden los Testigos de Jehová.

Cristo vino a cerrar una etapa. La Ley de Moisés fue superada. El sistema religioso basado en normas, prohibiciones y castigos quedó atrás. “Se os dijo… pero yo os digo”, repite Jesús, no para ajustar la ley, sino para reemplazarla por algo infinitamente superior: la gracia, la misericordia, la transformación interior. San Pablo lo deja claro: la ley mata, el Espíritu da vida: Ya no estamos mas sujetos a la Ley sino a la Gracia.

¿Y qué hacen los Testigos de Jehová? Exactamente lo contrario de Cristo. Vuelven a la ley. Vuelven al miedo. Vuelven al control. Vuelven a medir la fe por obediencia institucional, no por conversión del corazón. Cambian la salvación por disciplina. Cambian la verdad por lealtad a la organización.

En ese sentido, no son una novedad religiosa, sino una repetición histórica. Son la versión moderna de los fariseos, escribas y doctores de la ley que Cristo denunció con dureza. Como ellos, creen tener la verdad absoluta. Como ellos, subordinan a Jesús a su sistema. Como ellos, usan la religión para mantener a las personas en la oscuridad, no en la libertad.

No es casualidad que rechacen la divinidad de Cristo. Los mismos que lo hicieron hace dos mil años fueron los que lo crucificaron. Hoy no clavan clavos, pero niegan su identidad. No levantan tribunales, pero levantan estructuras de control espiritual. El espíritu es el mismo, solo cambió el discurso.

El cristianismo auténtico no defiende una idea de Dios, sino a Cristo como verdad encarnada. No se sostiene en una ley obsoleta, sino en las bienaventuranzas. No se basa en miedo ni sumisión, sino en amor y libertad. Todo lo demás es religión vacía.

Por eso resulta tan absurdo como peligroso defender una religión que se dice “testigo” de algo que nunca ocurrió, y que rinde culto a un dios que Jesús nunca reconoció como su Padre. No es cristianismo. No conduce a la salvación. Es la repetición del mismo error que la historia ya juzgó.

La pregunta es incómoda, pero inevitable: ¿Ellos siguen a Cristo… o siguen defendiendo una idea de un Dios violento, iracundo que exige holocausto y muerte por violar la Ley. Es Ley que Cristo vino a dejar atrás?